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Llegué de París siguiendo un cometa porque en mi país no había cigüeñas. Llegué a mi ciudad de pueblo por dentro reloj y adoquín, de hierba y cemento. Proceso normal, ningún drama interno, creciendo al compás de ritmos eternos y tuve un amigo, y no quise perderlo y un día me fui, jamás volví a verlo. Lloré cuando me dejaron en la escuela, lloré cuando me dejaron la primera vez. Fue a los veintidós que supe de sexo, del dulce lenguaje que vive en los besos, un tipo vulgar, enano con sueños, muy poco nocturno y bastante p'adentro. Canté para no aburrirme los domingos, canté y esa era la forma de sentirnos bie. Llegaron después las buenas ideas y entonces fui tres, raíces modernas, presagios de amor, canción de la abuela y en el corazón algunas banderas. Canté y esa era la forma de buscarnos, canté y esa profesión me fue quedando bien. Y estamos aquí naciendo y muriendo, moviendo los pies cantando y viviendo. Y así voy a recibirte en este atardecer, y así siento que es posible, sólo hay que querer. |